El color otoñal se desarrolla en Corea a lo largo de varias semanas y no en una fecha única. Las zonas de montaña como Seoraksan suelen cambiar antes que las áreas más bajas y meridionales, mientras que la temperatura, la lluvia y el viento afectan al momento y a la intensidad de cada zona.
La ruta se diseña alrededor de esa variabilidad. Seúl introduce el otoño en jardines palaciegos; Seoraksan lo amplía a escala de montaña; Andong y Gyeongju sitúan el color estacional junto a patrimonio vivo y arqueológico. Busan ofrece un final más al sur, no una garantía de follaje. Cada parada conserva valor cultural aunque el color llegue antes o después de lo esperado.